— ¿Soy feliz? —Me pregunté a mí mismo.
— Desde aquella mirada, aquella sonrisa, aquél beso, empezamos a hacerlo. —Me respondí.
No sé si seas el amor de mi vida, pero haré que cada segundo lo parezcas.
No te encontré, nos encontramos. Tú me hiciste volar sin necesidad de tener alas, en un beso encontré todo eso que siempre busqué. Soñé con tu existencia, se hizo realidad. Tuve la fe, la razón, la esperanza de que algún día encontraría a la mujer de mi vida. Y tú eres la que más se ha acercado a esos planes.
En aquella mirada me di cuenta de que sí, de que eras la persona indicada, la que siempre esperé, no espero una vida junto a ti, solo quiero pasar los mejores momento de mi vida a tu lado. Simplemente porque lo eres todo.
Cada noche que no estás aquí, te pienso, nos anhelo, nos sueños.
Somos nada, empezando por ser todo, te extraño aún estando aquí, a mi lado.
— ¿Qué tanto me amas? —Me pregunto.— Lo suficiente como para jamas hacerte sufrir —Le respondí.
Gracias por dejarme encontrarte, encontrarnos.